Excmo. Sr. Presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de la Región de Murcia
Excmo. Sr. Alcalde de Murcia Excmo. Sr. Consejero de Salud Exmas e Ilmas Autoridades Excmos. e Ilmos. Sres. Académicos
Familiares del Doctor Poza y amigos
Es para mí, harto difícil dirigirme a ustedes con la emoción que me abruma esta tarde, para expresar en su justa medida cuan grande fue la estima y el respeto que siempre profesé al insigne Doctor Máximo Poza y Poza, pionero de la neurocirugía y la bioética, pero también un referente de esta Academia. A pesar de tal estado afectivo, no he querido sustraerme a la oportunidad que me ofrece esta Real Academia de rendirle un último y sentido homenaje en el que, habida cuenta de su extensa trayectoria curricular en buena parte conocidos y a fuer de la necesaria brevedad, solo sobrevolaré, desde una particular visión y de corazón, algunos de los aspectos más representativos del impacto que su figura ha tenido en la Sanidad Murciana y en mi ámbito profesional.
En palabras de Paulo Coelho, “El talento es la esencia del alma humana”, una concepción esencial para dar fe de la probidad de D. Máximo, hombre de talento y talante inmejorable con demostrada humanidad, tanto por su amor a la familia, gran padre para María, Gabriela y Pablo y fiel esposo para Doña Carmina, como por su afecto y lealtad hacia compañeros y amigos, con los que gustaba reunirse semanalmente, hasta sus últimos días. Un talento que supo verter para engrandecer nuestra sanidad en un tiempo nada fácil, donde el territorio científico era prácticamente un erial, y en cuyo progreso fue pilar fundamental, sobre todo como impulsor de la mejor formación de sus discípulos en el exterior (sirvan de ejemplo las estancias en Centros Extranjeros de los Doctores Juan Martínez Lage y
Miguel Ángel Pérez Espejo). Formación que, con su talante abierto, no dudó en hacer extensiva a otros jóvenes, aun a sabiendas de que, al pertenecer a otros equipos, reportarían escaso beneficio a su Servicio, como fue mi caso. Todo porque quizás, a la luz de la máxima de Antoine de Saint-Exupéry de “Si eres diferente a mí, hermano… me enriqueces”, fue sabedor de que la diversidad y el reconocimiento del otro, engendra conocimiento y que este, no debe circunscribirse a un determinado grupo, sino a toda “una unidad humana”. ¡TAN GRANDE ERA SU GENEROSIDAD!.
De hecho, llegó a la Arrixaca Vieja a principios de los años 70 con aureola de gran maestro y la encomienda de montar el primer Servicio Sanitario Regional, pues atesoraba una sólida formación que, como adelantado a su tiempo había completado con una larga estancia en Newcastle. Un soriano de Fuencaliente del Burgo (Fuentearmegil) que, no tardó en cumplir tal misión y que, sin olvidar sus raíces a las que retornaba cada verano, tampoco tardó en hacerse murciano. Un trabajo bien hecho y una murcianía que pronto le reportó una muy buena reputación y la oportunidad de ocupar, además de la Jefatura de Servicio de Neurocirugía, otros cargos como el de Presidente del Colegio de Médicos y el de Director del Hospital Virgen de la Arrixaca, así como recalar en esta Real Academia, donde fue Académico ejemplar y un muy honorable Presidente ejecutivo y de Honor. Responsabilidades que, en una sociedad que ya empezaba a atisbar cierta superficialidad, desempeñó sin imposturas y alejándose de la búsqueda del éxito fácil, para poner todo su empeño en perfeccionar cuantos conocimientos pudieran revertir en la mejora de la ciencia y tecnología médica e incluso en una Gestión Sanitaria rentable. En este sentido, fueron ejemplares sus esfuerzos para conseguir que el Hospital de la Arrixaca dispusiera del primer TAC que llegó a la Región, para lo que tuvo que vencer las muchas presiones existentes en el momento. Ardua tarea que, últimamente lamentaba no hubiera sido más justamente valorada.
En otro orden de cosas, también debió lamentar que la vida le propiciara un serio revés, al tener que soportar la más dura prueba que un padre puede enfrentar, la pérdida de su hija María en plena madurez profesional. Prueba que, con su habitual dignidad sobrellevo con estoicismo.
En cualquier caso, D. Máximo fue un ser humano excepcional y todo un gran señor en su proceder que, sin descuidar los aspectos científicos de su especialidad, en el quirófano fue un muy diestro neurocirujano asistencial que, como nos recuerda una prestigiada anestesista (Dolores Sánchez), procedía con una exquisita minuciosidad que redundaba en claro beneficio de sus pacientes de los que, como le gustaba recordar, tenía en su haber más de 5.000 operados de cirugía intracraneal o raquídea y 536 con aneurismas cerebrales.
Exquisitez que, trascendía en un comportamiento, presidido por la cortesía y en provecho de la innovación sanitaria. Por eso, ante la percepción del espectacular progreso científico-tecnológico y el interés que éste despertaba para el desarrollo de nuevos métodos diagnósticos y terapéuticos, se empezó a cuestionar la pertinencia ética de ciertas manipulaciones que dichos avances facilitaban y de cuyo inadecuado uso, podrían derivar efectos nocivos para la integridad del ser humano, su salud y la vida.
Así que, en virtud de tal preocupación, se adentró en el estudio de la ética y no tardó en adherirse a los nacientes Comités de Bioética, donde también desarrolló una amplia actividad, llegando a ser Presidente de los Comités de Ética de la World Federation y la European Association of Neurosurgical Societies. También fue miembro del Comité Mundial de Bioética, donde tuvo la oportunidad de conocer al que fuera mi Maestro, Profesor Jean Dausset, fundador y Presidente de dicho Comité. Hechos que nos hablan del crédito internacional que el muy eminente Académico, Doctor Poza llegó a alcanzar. En su momento, probablemente la voz más autorizada proveniente de Murcia en el ámbito internacional.
Personalmente le conocí en sus primeros tiempos de la Vieja Arrixaca, como alguien que, desde la distancia, por su notoria personalidad, inspiraba respeto y admiración a los tímidos Residentes recién llegados como yo. Por tal razón y por la distinta naturaleza de mi especialidad, en esos primeros años, no tuve muchos contactos con él, sino que le empecé a conocer más ya en la nueva Ciudad Sanitaria, siendo él su Director, cuando con la inquietud de mejorar conocimientos sobre la entonces naciente Inmunología en España, un buen día, me armé de valor para dirigirme su
despacho con el propósito de exponerle mi deseo de ampliar estudios posdoctorales en el extranjero y solicitar para ello su aprobación, casi convencida de que me la negaría, pues ya ocupaba plaza de adjunta con responsabilidades. Y ¿cuál no sería mi sorpresa?, cuando lejos de negarme tal posibilidad vi que acogía complacido la propuesta y, se disponía a propiciar el preceptivo permiso, implicándose muy directamente con desplazamientos a Madrid para conseguir que fuera remunerado, a fin de dar tranquilidad para un mayor rendimiento en estudios que, exigían centrar toda la atención, sin verse mediatizados por preocupaciones derivadas de la insolvencia económica.
Desde aquel encuentro directo, nuestra relación fue creciendo y, aquel hombre que desde la distancia inspiraba respeto, pero que en la cercanía era sensible y afable, se convirtió en mi mejor referente de vida y valores, hasta el punto de que mi labor posterior al retorno al hospital, vino siempre avalada por sus sabios consejos. Recuerdo con gran cariño que aún, después de jubilarse cuando venía a la Arrixaca por cualquier motivo, siempre dejaba un hueco para acercarse a mi despacho para saludar y preguntar por mi quehacer. Creo además que, aunque por ser Presidente no pudo firmar mi propuesta para Académica de Número, desde la máxima discreción pudo influir para que, sin ser médico, pudiera incorporarme a esta Real Academia. Por tanto, debo y quiero agradecer públicamente todo su apoyo, con la pena de no haberle visitado más frecuentemente en sus últimos años, pero el exceso de pudor para no interrumpir su intimidad familiar suponía una limitación.
Por último, sólo resaltar que el año 2024 nos ha dejado un triste sentimiento de orfandad con la despedida de D. Máximo Poza. Un Académico sabio, recto y honorable Presidente que, se nos fue yendo lentamente, sin hacer ruido, hasta dejarnos definitivamente con la prudencia que siempre mantuvo. Por tan significativa pérdida, antes de cerrar este homenaje, siento también la necesidad de trasladar mis más sentidas condolencias y las de todos los Académicos a su familia, Gabriela, Pablo y Doña Carmina.
Hasta siempre querido maestro de la vida y de la ética, DESCANSA EN PAZ, con la seguridad de que tu mensaje y ejemplo siempre quedara en nuestra memoria.
MARIA ROCIO ALVAREZ LÓPEZ.
Laudatio leída en Sesión Académica Póstuma del 23 de Enero de 2025

